No esperes

No esperes

“Una cosa es segura, nunca debes esperar. Si esperas es como si estuvieras estancado en algún punto, no está bien. Así que siempre hay que intentar que uno esté siempre en movimiento, incluso si piensas que deberías ir en otra … Sigue leyendo

Tu voto:

Celebra la vida

Celebra la vida

“Celebra la felicidad que los amigos siempre te brindan, haz de cada día una fiesta y celebra simplemente ¡vivir!”

Thomas J. Peters

No dejes que tus críticas te paralicen

No dejes que tus propias críticas te paralicen

“Face your path with courage, don’t be scared of people’s criticism. And, above all, don’t let yourself get paralyzed by your own criticism”

“Geh deinen Weg mit Mut, hab keine Angst vor der Kritik der anderen. Und, vor allem, lass dich nicht zähmen von deinen eigenen Zweifeln”

Paulo Coelho

Todo comienzo tiene su encanto

Todo comienzo tiene su encanto

Tu voto:

Abrir nuevos caminos

To create

Nacida en Chicago en 1918, Mary Lou Cook es una activista por la paz, voluntaria, caligrafista, profesora y superviviente de cancer.

“To create you invent, experiment, grow, take risks, break rules, make mistakes, and have fun!” Mary Lou Cook

Born in Chicago 1918, Mary Lou Cook is a peace activist, constant volunteer, , calligrapher, teacher, and cancer survivor.

El Buscador

Mañana es lunes y hay que empezar bien la semana. Por ello, queremos compartir con vosotros esta historia, que para nosotras es muy motivadora. La conocemos hace varios años (¡cómo pasa el tiempo!) gracias a un gran amigo. ¡Esperamos que os encante!

Nodbon

El buscador por Jorge Bucay

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador.
Un buscador es alguien que busca, no necesariamente encuentra, tampoco es alguien que necesariamente sabe qué es lo que está buscando,  es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Camir. Él había aprendido a hacer caso riguroso de estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que, dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, allá a lo lejos, divisó Camir. Un poco antes de llegar al pueblo una colina a la derecha del sendero le llamó la atención, estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles pájaros y flores encantadores, la rodeaba por completo una valla pequeña de madera lustrada, la pequeña portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en aquel lugar.

El buscador traspaso el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar entre los árboles. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de ese paraíso multicolor, sus ojos eran los de un buscador y, quizás por eso, descubrió sobre una de sus piedras aquella inscripción, Abdul Tarek, vivió 8 años, seis meses, dos semanas y tres días.
Se sobrecogió un poco al darse cuenta que esa piedra no era solamente una piedra, era una lápida, sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar. Miro a su alrededor. El hombre se dió cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción, se acercó a leerla decía, Yamir kalib,  vivió cinco años, ocho meses y tres semanas. El buscador se sintió terriblemente conmocionado, este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba.

Una por una empezó a leer las lápidas, todas tenían inscripciones similares, un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo conecto con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los once años. Embargado por un dolor terrible se sentó y lloró. El cuidador del cementerio que pasaba por ahí, se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
– Ningún familiar – dijo el buscador- ¿qué pasa en este pueblo? ¿ que cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?¿ Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente que los ha obligado a construir un cementerio para niños?

El anciano sonrió.
– Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre, le contaré: cuando un joven cumple los quince años en este pueblo, sus padres le regalan una libreta, como esta que tengo aquí colgando del cuello. Es tradición entre nosotros que a partir de allí cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre su libreta y anota en ella, a la izquierda qué fue lo disfrutado, a la derecha cuánto tiempo duró el gozo. Conoció a su novia y se enamoró de ella, ¿cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media? ¿Y después…? La emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso, ¿Cuánto duró? ¿ El minuto y medio del beso, dos días, una semana? ¿Y  el embarazo o el nacimiento del primer hijo? ¿Y el casamiento de los amigos? ¿Y el viaje más deseado? ¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano?¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones? ¿Horas? ¿Días? Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos intensamente…cada momento. De este modo, cuando alguien se muere, es nuestra costumbre agarrar su libreta, sumar el tiempo de lo disfrutado y escribirlo sobre su tumba, porque ese es para nosotros el único y verdadero tiempo vivido.